¿Estoy en el camino?

El pasado 15 de marzo fuimos confinados para intentar minimizar los daños de una pandemia. Parecía ciencia ficción, pero sucedió. Entre incredulidad y miedo nos metimos en casa casi sin preguntar y fuimos pasando los días, unos mejores y otros peores. El confinamiento ha hecho que tengamos tiempo para reencontrarnos como familia. Este reencuentro seguro que ha tenido, tiene y tendrá cosas maravillosas, pero también mucha inseguridad, frustración e incluso dolor. En nuestro caso, y seguro que en el de much@s de vosotr@s, nos ha permitido elevar nuestra consciencia respecto a la crianza: ¿Qué hacemos?, ¿Cómo lo hacemos?, ¿Desde qué lugar?, ¿Con qué objetivo?, ¿Qué queremos mantener?, ¿Qué queremos dejar de hacer?,… Los niñ@s tienen una capacidad de adaptación y de mantenerse en el presente que queda a años luz de la nuestra. Eso hace que mientras ellos siguen con el día a día en casa sorprendiendo a tod@s de como lo están llevando, y dándonos valiosísimas lecciones, nosotras, las personas adultas, tenemos muchas dificultades para mantenernos en presencia auténtica. Los miedos y las incertidumbres llenan nuestros pensamientos, y nos hacen estar en un estado que seguramente no es el mejor para la crianza consciente y respetuosa. ¿Y qué podemos hacer?, no hay que fustigarse, estamos así, tenemos dificultades, y esto también está bien y además, pasará. Es un buen momento para poder convertir estas dificultades en oportunidades para crecer como familia y mejorar la convivencia. En casa también, incluso teniendo integrados los principios de la Disciplina Positiva y poniéndolos en práctica desde hace más de dos años, hemos vivido momentos de duda, de no saber si estábamos en el camino, en el camino que habíamos elegido para la educación de nuestros hijos. Frente a estas dudas suelo recurrir a los cuatro criterios de la Disciplina Positiva. Ante una situación o vivencia en que la incertidumbre me invade, me pregunto: ¿Estoy en el camino?, e intento darle respuesta a estas preguntas basadas en los criterios de la DP. Los encontraréis desarrollados en el libro Cómo educar con firmeza y cariño de Jane Nelsen.

¿Estoy siendo amable y firme al mismo tiempo?

Intento analizar si la amabilidad y la firmeza las pongo en práctica a la vez. Seguro que en algunos momentos podemos ser amorosos, respetuosos, amables… y otros, en los que la inseguridad, la frustración y el cansancio, nos pone en una firmeza casi sin sentido. Pienso hasta qué punto en el día a día soy capaz de integrarlo. Amable y firme a la vez. Porque los límites son imprescindibles, pero hay que establecerlos desde el amor y el respeto mutuo.

¿Estoy favoreciendo la conexión entre nuestros hijos y nosotros?

Expectativas por las nubes, tareas escolares, miedo a que no aprendan lo que supuestamente les toca…, en mi opinión no toca. Ahora, y siempre, la prioridad es la conexión con nuestr@s hij@s porque únicamente desde ahí tendrá lugar todo lo demás.

¿Es eficaz a largo plazo?

Los plazos, el tiempo, eso que no siempre podemos manejar. Pues ahora si algo tenemos es tiempo. En el día a día a menudo tenemos respuestas a las conductas de nuestr@s hij@s que están condicionados por la necesidad de acabar algo ya: vestirse para ir a la escuela, acabar de cenar para ir a dormir… En esas situaciones podemos recurrir a amenazas o chantajes más o menos sutiles pero que nos solucionan la papeleta más o menos rápidamente. El problema es que estas estrategias no se sostienen en el tiempo. Ahora podemos probar otras maneras que sean realmente beneficiosas a largo plazo.

¿De este modo van a aprender competencias sociales y habilidades para la vida?

Lo que yo hago, cómo lo hago… influirá la manera en que mis hijos crezcan y se desarrollen en su vida adulta con unas determinadas habilidades. ¿Qué adulto creo que necesitan?, ¿Qué habilidades quiero para mis hijos?…

Si os apetece pensad en una situación que os haya resultado difícil de gestionar e intentad contestaros estas preguntas. Desde la consciencia y la responsabilidad. Nunca desde la culpa. Esto puede ayudaros a valorar si estáis en el camino para una educación consciente, afectiva y respetuosa para todas las partes. Y lo más importante, tened la valentía de ser imperfectos, es uno de los más grandes aprendizajes que podemos dar a nuestr@s hij@s.



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